A finales de Enero de 2005, cuando aún se anunciaba lejano nuestro próximo viaje de buceo al extranjero, fuimos sorprendidos por un interesante correo electrónico...

Nuestro amigo, el periodista Chano Montelongo, nos ofrecía la posibilidad de ocupar las dos plazas que habían quedado libres en la que él familiarmente denominaba "Expedición Tigre"... Bajo este sugerente nombre se escondía, la que ha sido hasta la fecha, la experiencia mas intensa que hemos vivido con nuestros amigos los tiburones.

Consistía en una semana de buceo en Bahamas a bordo del barco M/V Shear Water (propiedad de Jim Abernethy, uno de los mayores expertos mundiales en tiburones, con mas de 20 años de experiencia en Bahamas) donde podríamos nadar con delfines en libertad, bucear con tiburones grises de arrecife, explorar los restos del pecio Sugar Wreck y por supuesto, la joya de la corona y objetivo principal del viaje... Bucear en "Tiger Beach" rodeados de tiburones limón y de los temidos, peligrosos y enormes tiburones tigre, sin la protección de una jaula (era hasta el momento en el que fuimos, el único lugar del mundo en el que se podía realizar esta actividad).

Tras revolucionar nuestras previsiones económicas y de vacaciones a medio plazo, tomamos la acertada decisión de embarcarnos en esta atractiva aventura que, aunque no comenzaba hasta finales del mes de Abril, ya desde primeros de Febrero nos tuvo cautivados.

La expedición estaba compuesta íntegramente por buceadores/as españoles. Doce apasionados de los tiburones que demostrábamos tener muy poco juicio... Porque creo que hacer un viaje tan largo con el fin último de meterse en el agua con esos enormes tiburones tigre, sin ninguna protección, no es demostrar mucho juicio por nuestra parte... ¿No?.

En los casi tres meses de "tensa" espera hasta nuestra salida, aprovechamos para conocer a alguno mas de los componente de la expedición. Hay que decir que solo Chano y María, los organizadores del evento, conocían personalmente a todos los integrantes del mismo y con gran acierto por su parte, en esos meses y una vez formado el grupo, organizaron una par de reuniones lúdico-gastronómicas para que fuéramos acostumbrándonos a las caras de "los y las" que durante una semana no estaríamos separados mas de 10 metros por las especiales condiciones de tamaño y habitabilidad del barco.

Por fin, llegó el día 27 de abril... Con prácticamente tres horas de antelación la "expedición tigre" casi al completo, se encontraba frente al mostrador de American Airlines ansiosa por facturar.

Antes de subir al avión aún "disfrutaríamos" de un rato de tensión esperando a que llegara un compañero que, debido a un lamentable fallo de la compañía aérea, se vio obligado a desplazarse en su coche particular desde Vitoria hasta el aeropuerto de Barajas para llegar con el tiempo justo de embarcar en el vuelo que finalmente nos llevaría a todos a Miami.

Tras nueve largas horas de vuelo en clase turista, llegamos al aeropuerto internacional de Miami, donde, previo y estoico paso por el departamento de "inmigración" (tardamos mas de dos horas en pasar el tramite) nos recogería el responsable de "JASA" y nos trasladaría por carretera (otras dos horas aproximadamente) hasta West Palm Beach (concretamente a la localidad de Riviera Beach), donde, junto al muelle deportivo, tiene situado el centro de buceo Jim Abernethy .

En su oficina, una vez liberados de nuestros pesados equipajes, firmamos un documento en el que reconocíamos que estábamos locos, que la actividad que íbamos a realizar era peligrosísima, que éramos los únicos responsables de nuestros actos y que por supuesto "ellos" se lavaban las manos de cualquier incidente que pudiera ocurrirnos... Cada día es mas habitual tener que firmar un documento eximiendo de responsabilidad al club, pero en Estados Unidos con la afición que hay por las demandas y existiendo tiburones tigres por medio era mas que previsible.

Como disponíamos todavía de un par de horas para embarcar en la que sería nuestra pequeña morada durante los próximos 5 días, aprovechamos para dar una vuelta por los alrededores y adaptarnos al nuevo horario tomando unas cervezas, compradas previamente en una "licorería", que siempre ayuda a sobrellevar el jet-lag.

A la hora convenida nos acercamos hasta el "Shear Water", hicimos el habitual reparto de camarotes (los "chicos solos del grupo" tuvieron la gentileza de cedernos los tres camarotes dobles a las parejas, quedándose ellos el camarote común de 6 plazas situado en proa), cenamos unas pizzas, preparamos los equipos para el día siguiente y una vez fuimos informados por Jim del "funcionamiento del barco" y las actividades a realizar los próximos intensos y emocionantes días nos fuimos a dormir que el cambio horario ya se empezaba a notar en el cuerpo.

Esa misma noche, ya de madrugada, el barco zarpó dirección a Bahamas y tras una larga y movida travesía que dificultó enormemente conciliar el sueño, amanecimos en West End (Grand Bahama) donde pasamos los pertinentes tramites burocráticos en la aduana antes de comenzar nuestro ansiado buceo. En un par de horas mas estaríamos en el agua, en un par de horas mas estaríamos con nuestros amigos los tiburones...